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Mentalidad

Los 10 errores financieros más caros de tus 20s (y cómo evitarlos)

Tus 20s son la década donde se forman los hábitos financieros. Estos errores pueden costarte décadas de progreso.

9 min de lectura · Publicado: 17 de septiembre de 2025

Tus 20s son una paradoja financiera. Probablemente tienes menos dinero que nunca, pero también tienes más poder financiero que nunca. El poder del tiempo. Cada peso invertido a los 25 vale mucho más que cada peso invertido a los 45. Y cada hábito que formes ahora te acompañará por décadas.

Estos son los errores que más caro cuestan en esta década, y cómo evitarlos antes de que sea demasiado tarde.

”Después ahorro, ahora quiero vivir”

El mito de que los 20s son para gastar y los 30s para empezar a ahorrar es uno de los más dañinos que existen. Suena lógico: ahora ganas poco y tienes toda la vida por delante, ¿para qué preocuparse?

El problema es que el costo de esperar es enorme. Si inviertes $2,000 al mes de los 25 a los 65 años, terminas con aproximadamente $6 millones. Si empiezas a los 35 con el mismo monto, terminas con $2.4 millones. Diez años de retraso te cuestan $3.6 millones.

No se trata de dejar de vivir. Se trata de encontrar un balance. Puedes disfrutar tus 20s y ahorrar 15% o 20% de lo que ganas. Las dos cosas no son excluyentes.

Subir el estilo de vida con cada aumento

Cuando te aumentan el sueldo, la tentación es gastar más. Nuevo departamento, mejor carro, más salidas. Después de todo, te lo ganaste, ¿no?

El problema es que si cada aumento se traduce automáticamente en más gastos, nunca construyes patrimonio. Tu cuenta de banco siempre está en el mismo lugar aunque ganes más.

Cada vez que te aumenten, divide el incremento: 50% para mejorar tu vida ahora, 50% directo al ahorro o inversión. Si pasas de ganar $20,000 a $25,000, destina $2,500 extra al ahorro. No subas tu renta en $5,000 porque ahora puedes pagarla.

Ignorar las deudas “pequeñas”

“Son solo $3,000 de la tarjeta, los pago cuando pueda.” El problema es que esos $3,000 al 40% anual, pagando solo mínimos, pueden convertirse en $10,000 o más. Y te mantienen atado por años.

No existe deuda pequeña cuando las tasas de interés son altas. Cualquier deuda de tarjeta de crédito merece atención inmediata. Y si no puedes pagar el total de algo que quieres comprar, probablemente no deberías comprarlo.

No tener fondo de emergencia

“No me va a pasar nada.” Hasta que pasa. El carro se descompone, te enfermas, te corren del trabajo. Sin un colchón de emergencia, cualquier imprevisto te endeuda. Un problema se convierte en dos: el problema original más la deuda que tuviste que tomar para resolverlo.

Antes de invertir, antes de pagar deudas de manera agresiva, construye un fondo de emergencia de al menos $10,000 a $20,000. Es tu seguro contra la vida.

Comprar carro nuevo a crédito

El carro nuevo pierde aproximadamente 20% de su valor en el momento en que sale de la agencia. Y encima lo estás pagando con intereses. Un carro de $300,000 a crédito puede terminar costándote $400,000 o más. Y cuando terminas de pagarlo, vale quizás $100,000.

Si necesitas un carro, considera comprar usado de 2 o 3 años, bien cuidado. Ahorra y paga de contado si es posible. Y si realmente necesitas crédito, asegúrate de dar al menos 40% de enganche y elegir un plazo corto. El carro no es inversión. Es un gasto que se deprecia cada día.

No entender tu nómina y prestaciones

Muchas personas en sus 20s no saben exactamente qué les descuentan de su sueldo, cuánto están aportando al IMSS, o dónde está su dinero de retiro.

Podrías estar perdiendo beneficios que ni sabes que tienes, pagando más impuestos de los necesarios, o teniendo tu dinero de retiro en una AFORE con comisiones terribles.

Entiende tu recibo de nómina línea por línea. Conoce tu AFORE y sus rendimientos históricos. Aprende cuáles son las deducciones fiscales que puedes hacer. Pregunta a recursos humanos sobre todas las prestaciones que tienes disponibles. Es tu dinero; mereces saber qué está pasando con él.

Invertir sin entender

“Mi amigo me dijo de una cripto que va a subir 1000%.” Antes de darte cuenta, perdiste todo. Peor aún, perdiste la confianza en las inversiones y decides no volver a intentar, perdiendo décadas de potencial crecimiento.

Antes de poner dinero en cualquier inversión, pregúntate: ¿Entiendo cómo genera rendimiento? ¿Entiendo los riesgos? ¿Podría explicárselo a alguien más? Si la respuesta a cualquiera de estas preguntas es no, no inviertas todavía. Empieza con lo simple: CETES, ETFs indexados. Después, conforme aprendes más, puedes diversificar.

Mezclar dinero con relaciones

Prestar dinero a amigos, poner todo a nombre de tu pareja, ser aval de un familiar que te lo pide. El resultado común: dinero perdido y relaciones arruinadas. El combo más doloroso que existe.

Solo presta lo que puedas perder sin que te afecte financieramente. Mantén tus finanzas separadas incluso en relaciones serias. Nunca seas aval de nadie. Y si prestas, asume desde el principio que es un regalo. Si te lo regresan, es bonus.

Compararte con otros

Instagram te muestra los viajes de tus conocidos, sus carros, su ropa. Lo que no muestra es la deuda que tienen, el estrés con el que viven, o que sus papás pagan la mitad de sus gastos.

Cuando gastas para aparentar, te endeudas por mantener una imagen. Y nunca alcanzas porque la meta se mueve constantemente.

Compárate contigo de hace un año, no con los demás. Tu libertad financiera vale infinitamente más que la apariencia de otros.

Creer que tienes tiempo infinito

“Tengo 25, ya después me preocupo por el ahorro.” Y de repente tienes 35 con los mismos $0 ahorrados. Los 40 llegan más rápido de lo que imaginas. Y el retiro que parecía lejano ahora se ve imposible.

Actúa como si tuvieras 10 años menos de los que crees. Si tienes 25, planea como si ya tuvieras 35. La urgencia es tu amiga, no tu enemiga.

Los hábitos que contrarrestan todo esto

Págate a ti primero. El día de pago, antes de pagar cualquier cuenta, transfiere dinero a tu ahorro e inversión. Lo que queda después es para vivir.

Automatiza todo. Lo que depende de tu disciplina del momento eventualmente falla. Lo que está automatizado sucede consistentemente sin depender de cómo te sientes ese día.

Revisa tus finanzas cada mes. Treinta minutos para revisar tus gastos, tu progreso en ahorro, tus metas. Es el mínimo esfuerzo para mantener el control.

Aprende constantemente. Lee un libro o artículo de finanzas cada mes. El conocimiento compuesto también existe y paga dividendos enormes a largo plazo.

Ten un número claro. ¿Cuánto necesitas para la libertad financiera? Sin una meta definida, no tienes dirección. Con una meta, cada decisión tiene contexto.

Un plan realista para tus 20s

La primera prioridad es construir la base. Eso significa tener un fondo de emergencia de al menos 3 meses de gastos, eliminar cualquier deuda de tarjeta de crédito, y tener un presupuesto básico funcionando.

La segunda prioridad es el crecimiento. Ya sin deudas caras y con colchón de emergencia, el objetivo es ahorrar entre 15% y 20% de tu ingreso, optimizar tu AFORE moviéndola a la que tenga mejores rendimientos, y empezar tus primeras inversiones en CETES o ETFs.

La tercera prioridad es acelerar. Esto incluye hacer aportaciones voluntarias de retiro para reducir impuestos, construir un portafolio diversificado, y desarrollar fuentes de ingreso adicionales.

La ventaja invisible de los 20s

A esta edad puedes tomar más riesgos porque tienes tiempo para recuperarte si algo sale mal. Probablemente puedes vivir con poco porque no tienes familia dependiendo de ti. Cambiar de trabajo es más fácil porque tienes menos ataduras. Y puedes aprender de errores baratos, porque es mejor equivocarte con $5,000 ahora que con $500,000 después.

Estas ventajas desaparecen gradualmente. Aprovéchalas mientras las tienes.


Tus 20s definen tus 40s, tus 50s, y tu retiro. Los errores que cometas ahora tienen décadas para crecer y componer. Pero las buenas decisiones también.

Tu yo del futuro depende completamente de lo que hagas hoy.




Referencias:

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