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🚀 Parte de: Empezar a invertir
Inversión

Interés compuesto explicado como si tuvieras 12 años (con números reales)

El concepto más poderoso de las finanzas personales, explicado sin fórmulas complicadas. Con ejemplos en pesos mexicanos que puedes calcular tú mismo.

7 min de lectura · Publicado: 5 de febrero de 2025

Dicen que Einstein llamó al interés compuesto “la octava maravilla del mundo”. No sabemos si realmente lo dijo, pero si lo hizo, tenía razón. De todos los conceptos financieros que existen, este es probablemente el más importante que puedes entender. Y lo mejor es que es mucho más simple de lo que parece.

La diferencia que cambia todo

Imagina que tienes $10,000 y los pones en algo que te da 10% de rendimiento anual. Hay dos formas en que ese rendimiento puede funcionar, y la diferencia entre ellas es enorme.

Con interés simple, cada año ganas 10% de tus $10,000 originales, o sea $1,000. Después de un año tienes $11,000, después de dos tienes $12,000, después de tres tienes $13,000. Diez años después llegas a $20,000. Simple y predecible.

Pero con interés compuesto la cosa cambia. Aquí cada año ganas 10% de TODO lo que tienes, incluyendo los intereses que ya ganaste antes. Entonces el primer año ganas $1,000 y llegas a $11,000. El segundo año ganas 10% de esos $11,000, que son $1,100, y llegas a $12,100. El tercer año ganas 10% de $12,100, que son $1,210, y llegas a $13,310.

La diferencia parece pequeña al principio, apenas $310 después de tres años. Pero después de diez años, el interés compuesto te deja con $25,937, casi $6,000 más que con interés simple. Y esos $6,000 vienen de un solo fenómeno: los intereses ganan intereses.

Como una bola de nieve en la montaña

La mejor forma de visualizar el interés compuesto es pensar en una bola de nieve rodando desde la cima de una montaña. Al principio es pequeña y avanza despacio. Pero mientras más rueda, más nieve recoge, y mientras más nieve recoge, más grande se hace, y mientras más grande se hace, más rápido rueda, y mientras más rápido rueda, más nieve recoge.

Es un ciclo que se alimenta a sí mismo y que acelera con el tiempo. El interés compuesto funciona exactamente igual. Al principio el crecimiento se siente lento, casi imperceptible. Pero después de cierto punto, el crecimiento acelera de una manera que parece irreal. Y no es magia, son matemáticas.

Los números que importan

Pongamos un ejemplo más realista. Supongamos que tienes 25 años y decides invertir $3,000 al mes en un portafolio diversificado que te da 8% anual en promedio. Este rendimiento es razonable considerando que, según datos históricos publicados por S&P Dow Jones Indices, el S&P 500 ha generado históricamente alrededor de 10% nominal anual desde 1926, y un portafolio diversificado con algo de renta fija podría promediar un poco menos.

A los 35 años, después de una década de aportaciones constantes, habrás puesto $360,000 de tu bolsillo. Pero tu cuenta no tendrá $360,000, tendrá aproximadamente $548,000. Los otros $188,000 son intereses compuestos que tu dinero generó mientras tú seguías con tu vida normal.

A los 45 años, después de dos décadas, habrás aportado $720,000. Pero tu cuenta mostrará algo cercano a $1,765,000. Más de un millón de pesos que no pusiste tú, que llegaron solitos porque dejaste tu dinero trabajando el tiempo suficiente.

Y a los 55 años, después de tres décadas, habrás aportado $1,080,000. Tu cuenta podría mostrar algo cercano a $4,464,000. Más de tres millones de pesos en intereses.

Lo interesante es ver cómo se acelera. En los primeros diez años los intereses fueron $188,000. En los últimos diez años, del año 20 al 30, los intereses fueron más de $2.5 millones. El dinero crece más rápido mientras más tiempo pasa.

Un atajo útil para calcular

Existe una regla sencilla para saber cuánto tiempo tarda tu dinero en duplicarse. Se llama la regla del 72 y funciona así: divides 72 entre tu tasa de interés y obtienes los años aproximados para duplicar.

Con 6% anual, tu dinero se duplica en unos 12 años. Con 8% anual, se duplica en unos 9 años. Con 10% anual, se duplica en poco más de 7 años. Esta regla no es perfecta, pero te da una idea rápida del poder del tiempo y te ayuda a visualizar cómo crece tu dinero a futuro.

Por qué empezar temprano marca la diferencia

Vamos a comparar a dos personas para que quede claro lo que significa darle tiempo a tu dinero.

Ana tiene 25 años y empieza a invertir $2,000 al mes. Lo hace durante 10 años, de los 25 a los 35, y después deja de aportar. El dinero se queda ahí, creciendo solito, pero ella no mete un peso más. En total aportó $240,000.

Carlos tiene 35 años cuando empieza. Invierte los mismos $2,000 al mes, pero lo hace durante 30 años, hasta los 65. En total aporta $720,000, tres veces más que Ana.

Asumiendo 8% anual para ambos, ¿quién tiene más a los 65 años? Ana llega con aproximadamente $2,400,000. Carlos llega con aproximadamente $2,900,000. Carlos aportó el triple y apenas tiene un poco más. Los diez años extra que Ana le dio a su dinero valen casi lo mismo que aportar $480,000 adicionales.

El tiempo es tu activo más valioso. Más valioso que la cantidad que aportas.

Lo que puede frenar tu crecimiento

Antes de emocionarte demasiado con los números, hay que ser honestos sobre dos cosas que pueden reducir tus ganancias reales.

La primera es la inflación. Si tus inversiones crecen 8% pero la inflación es del 4%, tu rendimiento real es más cercano al 4%. Los números que ves en pantalla crecen al 8%, pero lo que puedes comprar con ese dinero crece más despacio. Sigue siendo crecimiento positivo, y sigue siendo mejor que dejar el dinero debajo del colchón, pero no te dejes engañar por los números nominales. Siempre pregúntate cuánto podrás comprar con ese dinero cuando lo necesites.

La segunda cosa son las comisiones, y estas son más traicioneras porque suenan pequeñas pero cuestan caras. Una comisión del 2% anual parece inofensiva. Pero veamos qué pasa con $100,000 invertidos durante 30 años al 8%. Sin comisiones llegas a poco más de un millón de pesos. Con una comisión del 2% anual, que te deja un rendimiento neto del 6%, llegas a unos $574,000. Esa comisión “pequeña” te costó más de $400,000. Por eso vale la pena buscar inversiones con comisiones bajas. Cada décima de punto porcentual importa.

Cómo ponerlo a trabajar a tu favor

Lo más importante es empezar, aunque sea con poco. El mejor momento para empezar era hace diez años, pero el segundo mejor momento es hoy. Cada día que pospones es un día menos de crecimiento compuesto. No esperes a tener “suficiente” para invertir. Empieza con lo que tengas.

La constancia importa más que la cantidad. No necesitas empezar con cantidades grandes. Lo que necesitas es ser consistente. $1,000 mensuales durante 30 años generan más que $5,000 mensuales durante 5 años. Es la persistencia la que activa el poder del interés compuesto.

Si tus inversiones generan dividendos o intereses, reinviértelos en vez de gastarlos. Ese es el combustible del efecto compuesto. Cada peso que reinviertes es un peso más trabajando para ti.

Busca opciones con comisiones bajas. Los ETFs indexados, por ejemplo, suelen tener comisiones menores al 0.5% anual. Esa diferencia con opciones más caras se traduce en cientos de miles de pesos a lo largo del tiempo.

Y ten paciencia. El crecimiento parece lento al principio y puede ser frustrante. Pero la magia del interés compuesto ocurre en la segunda mitad del camino. Los primeros años construyen la base, los últimos años construyen la fortuna. No abandones antes de llegar a la parte buena.

Pruébalo con tus números

La mejor forma de entender el interés compuesto es verlo con tu propia situación. Usa nuestra calculadora de interés compuesto para explorar diferentes escenarios. Prueba qué pasa si empiezas cinco años antes, qué pasa si aumentas tu aportación mensual, qué pasa con diferentes tasas de rendimiento. Ver los números con datos reales de tu vida es más poderoso que cualquier explicación teórica.


El interés compuesto no es magia, es matemáticas. Pero el efecto que tiene sobre tu dinero a lo largo del tiempo se siente mágico. Tu trabajo es simple: darle tiempo y consistencia. El resto lo hace el tiempo por ti. Empieza pequeño si es necesario, pero empieza.




Referencias:

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