Un bono es básicamente un pagaré. Tú le prestas dinero a alguien (un gobierno, una empresa) y ellos se comprometen a devolvértelo en una fecha específica, más intereses. Es como ser el banco, pero al revés.
Son más predecibles que las acciones porque sabes cuánto te van a pagar y cuándo. Por eso se consideran más seguros — aunque también dan rendimientos menores. En México, los CETES son el ejemplo más conocido: bonos del gobierno federal.
Lo que sí vale la pena saber: si las tasas de interés suben, los bonos que ya tienes valen menos porque los nuevos pagan mejor. No es complicado, pero conviene entenderlo antes de comprar.
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