Comprar una acción es comprar un pedacito de una empresa. Si compras acciones de FEMSA, eres dueño de una fracción de esa compañía — literalmente. Pequeñita, sí, pero real.
Puedes ganar de dos formas: si el precio sube y vendes más caro de lo que compraste, o si la empresa reparte parte de sus ganancias (eso se llama dividendo). Las acciones se compran y venden en la bolsa de valores, y su precio cambia todo el tiempo según lo que pase con la empresa y el mercado.
Invertir en acciones tiene riesgo — el precio puede bajar. Pero históricamente, a largo plazo, ha sido una de las mejores formas de hacer crecer tu dinero. La clave es no apostarle todo a una sola empresa y tener paciencia.
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